Religión a la carta ¿Cómo están viviendo la religión y la espiritualidad los chilenos de hoy?


Fuente: La Tercera.

En el reportaje “Religión a la carta” de Tendencias del Diario La Tercera, el académico del Centro de Investigaciones Socioculturales UAH (CISOC), Luis Bahamondes, cuenta qué vio al investigar las tiendas de objetos religiosos y espirituales de la capital. ¿Cómo están viviendo la religión y la espiritualidad los chilenos de hoy?

Hay personas que ya no adhieren de manera estricta a un  credo sino que combinan distintas prácticas y símbolos que les ayudan a darles sentido a sus vidas. Mezclar cruces, budas, santería, krishnas, el tarot, la meditación ya no un escándalo. ‘Esto no es una moda, sino que las personas usan la religión para hablar del sentido de la vida, y cuando el lenguaje católico, budista o ateo no es suficiente, no tienen ningún problema en recurrir a otro’, dice el sacerdote jesuita argentino Gustavo Morello. Bienvenidos a la religiosidad del siglo XXI.

Joaquín Márquez (sicólogo, 23 años) nació en una familia católica y hasta los 15 años fue habitual de la parroquia Santa Clara de La Cisterna, donde cantaba en el coro y participaba de la pastoral, pero a esa edad algo pasó y empezó a buscar respuestas en otra parte. Así comenzó una búsqueda espiritual que lo llevo al budismo, hinduismo, taoísmo filosófico y de a poco fue fabricando una creencia propia, a su medida. 

“Hoy me mantengo practicando algunas cosas, como meditación y ciertas lecturas. No abandonaría los textos sagrados, el nuevo Evangelio es super bonito, igual que la volada de Jesús. Pero también la de Buda es bonita, la de Lao-Tse, la de Krishna”, cuenta y dice que en su pieza tiene imágenes de Cristo, los ángeles, un Buda, un tríptico ortodoxo ruso, un pedazo del Tao Te King, el símbolo del Ying y el Yang y un rosario budista. “Los tengo por mi relación personal con los símbolos. Cuando los veo pienso en todo lo fundamental de esas creencias. Los colgué como un recordatorio”, dice Joaquín, que lleva un anillo con un símbolo de la cábala que representa uno de los 72 nombres de Dios.

Si te pregunto qué religión profesas, ¿qué respondes?

Difícil. Te diría que cristiano, para salir del paso.

Ensamblaje

Hoy no son pocos los que van por la vida en una constante búsqueda espiritual, probando creencias y asumiendo que la religión es algo personal, lejano a las instituciones y adaptable. A veces demasiado adaptable a los gustos del consumidor, tal como lo demostró la semana pasada el caso de Gabriel Saavedra, el primer “pastafari” chileno, y su batalla contra el Registro Civil para que lo dejaran sacarse la foto de carnet con un colador en la cabeza, símbolo de esta suerte de movimiento social que surgió en Estados Unidos en  2005 como una protesta a la difusión en las escuelas públicas de la hipótesis del diseño inteligente y hoy tiene a miles de personas en el mundo rindiéndole culto al Monstruo del Espagueti Volador. Una ironía que es reconocida como religión en Holanda, mientras que Nueva Zelanda legalizó sus matrimonios. “Más que una religión el pastafarismo es una filosofía sobre cómo vivir los derechos civiles. Hay muchos ateos que decimos que somos pastafaris porque el declararnos ateos nos deja mal parado”, explica Saavedra.

Aquí en Chile algunos estudios buscan explicar la baja de fieles en la Iglesia Católica, que sigue siendo la principal en el país. A falta de un censo para comparar, en 2014 la Encuesta Nacional Bicentenario de la UC y Adimark, mostró que un 59 por ciento de los chilenos se considera católico, una baja en relación con el 70 por ciento que lo afirmaba en 2006. Mientras tanto, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología, publicada en junio por Conicyt, un 65 por ciento de los chilenos cree en los milagros, la mitad en los espíritus, y un 20 por ciento en que el tarot, el horóscopo, la adivinación y las cartas sirven para predecir el futuro.

Uno de los estudios que analiza el fenómeno entre la gente joven fue Espiritualidad juvenil en Chile hoy, hecho en 2010. Javier Romero, director de la Escuela de Sicología de la Universidad Central y coautor del informe, dice que hoy alejarse del credo de los padres o abuelos ya no tiene un costo social. “Está la posibilidad de armar una religión más bien personal, como a la carta. Eso fue lo nuevo que apareció en nuestro artículo”, explica.

Esto significa que a alguien le puede gustar la preocupación social del catolicismo, la conexión con la naturaleza de los krishnas, las certezas del tarot, la meditación a los ángeles y ensamblar todo en su propio credo. “Nos dimos cuenta de que en estos grupos de jóvenes la elección y la combinación de elementos son posibles”, cuenta Romero, sobre el fenómeno conocido como sincretismo religioso. 

Esto también tiene que ver con el proceso de desinstitucionalización como sociedad. “Estamos en una época en que se valora mucho la autonomía y las elecciones individuales. Las personas hacen las cosas por el sentido que creen que tienen más que porque una institución se los diga”, dice Carmen Luisa Silva, sicóloga social del Cisoc de la Universidad Alberto Hurtado y coautora del estudio. 

Se trata de un fenómeno latinoamericano. Gustavo Morello, sacerdote jesuita argentino y profesor del Departamento de Sociología del Boston College en Estados Unidos, lidera hace un año el estudio Transformaciones de la religiosidad, financiado por la John Templeton Foundation y realizado en Montevideo, Córdoba, Lima y con latinos residentes en Bilbao y Roma. Los primeros resultados muestran que efectivamente hay una cierta flexibilidad religiosa. “Esto no es una moda, sino que las personas usan la religión para hablar del sentido de la vida, y cuando el lenguaje católico, budista o ateo no es suficiente, no tienen ningún problema en recurrir a otro”, dice el jesuita, quien agrega que se siguen identificando con sus religiones de origen, pero se permiten tomar expresiones, prácticas o ideas de otras visiones.

Otro estudio interesante sobre el tema en Chile es Jóvenes, cultura y religión, hecho con dos grupos de estudiantes de la UC que ingresaron en 2007 y 2008 y respondieron el mismo cuestionario en primero, tercero y quinto año de sus carreras. “Vimos que a lo largo del tiempo hay una caída en los niveles de identificación religiosa, globalmente”, dice Roberto González, investigador de MIDE UC y del COES y coautor de la investigación que se hizo con cuatro mil alumnos. 

El sicólogo agrega que entre los resultados apareció que los grupos más permeables a cambiar sus creencias eran los “católicos nominales” (personas que se definen con esa religión pero no la practican) y los “creyentes no adherentes” (quienes creen aunque no se identifican con ninguna religión), los que transitan al agnosticismo o se vuelven ateos de frentón. “Nos dimos cuenta que la principal razón de por qué dejaban de creer no era porque se decepcionaran de los curas o por los abusos, sino que porque habían literalmente perdido la fe”, dice González. 

Los resultados mostraron cómo se iban modificando las creencias durante la universidad. Así, el 78 por ciento creía en Dios en primer año y el 73 por ciento lo hacía en quinto. Además, el 71 por ciento partía creyendo en Jesucristo y el 67 decía lo mismo al final de la carrera. En quinto año, el 43 creía en los santos, el 26 en la madre naturaleza, el 11 en la astrología, el 9 en el tarot, el 7 en Buda y el 2 en Mahoma. 

Ver reportaje Completo