La re(de)volución regionalista de Bachelet


Lo decidido por Bachelet abre un nuevo ciclo para las regiones: acabar con la cooptación y el mendigar (y llorar) en un modelo centralista-paternalista, para ir a la descentralización, que es poder del otro, del hermano(a) que tiene su autonomía para dibujar sus sueños y políticas (la fraternidad como horizontalidad conflictiva, diversa y virtuosa).

Chile está ad portas de un giro que le haga sanar las heridas que el centralismo provocó a las regiones (provincias) desde el triunfo conservador en 1830 que impuso el autoritarismo. La candidatura de Michelle Bachelet, desde la DC al PC, junto a independientes y agrupaciones sociales-territoriales, han formalizado en su programa los tres pilares de un profundo proceso de regionalización democrática y solidaria, que dará tanto libertad (autonomía) como instrumentos de solidaridad a las regiones: a) elección de intendentes para ser un país regionalizado con poder desde la soberanía de los que habitan el territorio, rompiendo los casi dos siglos de imperio de la delegación centralista; b) aumento de la inversión con decisión regional para profundizar la transferencia de recursos (al menos creció el FNDR en la última década); y c) creación del Fondo de Convergencia Regional, inyectando más recursos, flexibilidad y proactividad a la gestión regional para apoyar los territorios rezagados y apostar al desarrollo territorial con vigor.

Lo esencial es enfrentar la pobreza que se concentra entre el Maule y Los Lagos, y aumentar los recursos para la competitividad y el fomento productivo que inspiró la creación del royalty minero y el Fondo de Innovación para impactar en las regiones. Como dicen, con sorna y resentimiento, en todos los círculos regionalistas: “Van a las sexta línea de Metro y no hay tren a Concepción”.Las brechas de desigualdad son evidentes y explican la ola de protestas y rabia justificada: Tocopilla debe mendigar especialistas en salud aunque tiene megatermoeléctricas, Calama busca parques y formación técnica siendo el mayor distrito minero del mundo, el Maule Sur busca revertir su mortalidad infantil que es cinco veces que la de Vitacura, los territorios mapuches un modelo socioeconómico sustentable y valorativo de su vida (se ha subsidiado a las grandes forestales más que a la agricultura familiar), el sur protestó en Aysén-Magallanes para “defender” subsidios (gas) y aparecer en las políticas sin continuidad de conectividad, educación y empleo.

El Fondo de Convergencia Regional, financiado ya sea por transferencias o tasas territoriales, será administrado por las regiones –como lo anunció la ex Presidenta en el sur– para pactar con municipios y ministerios programas plurianuales de intervención en los nudos críticos de desigualdad: cobertura de salud, presencia y calidad de la educación en los tres niveles (allí incluyó su promesa de CFT público en todas las provincias y universidad pública en las dos regiones que no tienen: O’Higgins y Aysén), empleos, conectividad, infraestructura básica. Una Comisión plural de Estado y sociedad aportará a su diseño y definiciones claves para financiamiento e implementación.