EL SIMCE y la semaforización de los niños


En un estudio reciente se encontró en algunas escuelas una práctica que hemos llamado la semaforización de los niños. Esta consiste en que una agencia externa (ATE) contratada con recursos de la Subvención Escolar Preferencial (SEP), evalúa a los alumnos por medio de pruebas “tipo Simce”. Con estos resultados se ordenan los nombres de los niños en cuatro columnas según su nivel de logro.

Cada columna, con el listado de niños, tiene un color: rojo (“insuficiente inicial”), naranjo (“insuficiente próximo”), amarillo (“intermedio”) y verde (“avanzado”). En algunos casos este dispositivo visual está en un panel de la sala de clases, y en otros casos se muestra en un power point a los alumnos y apoderados.

Esta práctica de semaforización es un ejemplo de los efectos de las políticas que exigen a las escuelas rendir cuentas por sus resultados Simce.

Otros ejemplos constatados en el estudio son la aplicación frecuente de “ensayos Simce”, prácticas de preparación y adiestramiento, rankings de alumnos o de cursos en los ensayos, premios simbólicos y materiales por incremento de los resultados (ej., actos de honor, paseo a Fantasilandia, notas 7 “al libro”), amenazas por la disminución de los resultados (ej., repitencia de curso, despido de docentes, cierre del establecimiento), entre otros.

Más allá del detalle de las variadas tácticas implementadas, lo importante es comprender ¿por qué ocurren estas prácticas? Para ello, primero es necesario entender que los puntajes Simce no solamente comprometen la rendición de cuentas de las escuelas, y sus posibles recompensas o sanciones, sino que están implicados en el “prestigio personal” y la autoestima, como explican algunos entrevistados.

Los resultados Simce afectan la identidad de los actores y su autoimagen; definen, en parte, lo que significa ser un exitoso o fracasado sostenedor, director, asesor ATE, docente o estudiante. Comprender la producción subjetiva de la política es clave para entender lo que está en juego en los efectos descritos.

Las consecuencias analizadas no son “efectos secundarios” o “colaterales”, como se han denominado comúnmente, que ocurren “a pesar” de las buenas intenciones de la política.

Las políticas tienen un orden moral, una ética. No nos extrañemos, por tanto, que las escuelas semaforicen a los niños, los rankeen, los premien o amenacen por sus resultados en pruebas estandarizadas, cuando la política pública realiza medidas análogas a las escuelas.

*El estudio puede obtenerse en: http://biblioteca.uahurtado.cl/cgi-bin/wxis.exe?IsisScript=/ujah/cided/bdos.xis&base=cided&rango=1&mfn=001107