Del modelo y la desafección ciudadana


De seguro una parte importante de la elite y de los ciudadanos se estarán preguntando, en los días que vienen, cómo es posible que el principal ganador de estas elecciones sea la abstención. Ya se vio esto en la primera vuelta. Y en verdad, no es sólo de ahora. Se arrastraba hacía años, incluso con votación obligatoria, expresada en los que no se inscribían a pesar de poder hacerlo
Bastante tiempo se toman las elites para reflexionar sobre este tema y abrir el debate público. Por cierto, en esto no caben las unicausalidades ni tampoco los esfuerzos de traducción puramente formal. Es un terreno propicio para reflexionar sobre nuestra política y sus formas de expresión. No como un fenómeno aislado del resto de los sistemas, sino como articulable –esa política realmente existente– a la economía y a la cultura.
No deja de resultar paradójico que recién ahora cobre importancia percatarse del tipo de régimen político que tenemos hasta hoy. Sin embargo, desde distintos actores por años se ha advertido de la desafección creciente con la política y la democracia realmente existente, que va generando, paulatinamente, el predominio de una sociedad de mercado extendida y la ideología del pensamiento único. Cuidado. No se trata, con todo, de una desafección con cualquier tipo de acción colectiva o coordinada en pos de ciertos objetivos. Hay que verlo más bien como una desafección con el actual tipo de política e institucionalidad vigente en diversos sectores (trabajo, salud, educación, pensiones).