Las pataletas de la fronda neoportaliana


Habla Piñera que dejó el país en desaceleración y sin ahorros a pesar de un período extraordinario de precios de la minería y otros commodities chilensis. Lagos desaprovecha la tribuna empresarial sin emplazarles a dejar el lloriqueo-egoísmo estructural y termina banalizando el tiempo de reformas, con un remake descontextualizado del llamado a las concesiones como viga maestra del desarrollo. Recordemos que en infraestructura Lagos fue un gobierno hacedor, con costo por la falta de control autónomo, y por la evidente falta de reformas sociales y descentralizadoras en su sexenio. Incluso, el royalty minero impulsado desde el Parlamento y la sociedad no se entregó a regiones. Los lobbistas y fácticos de la vieja Concertación patalean, dando cátedra de algo futurible (que no pasará), la mentira de mejorar el país sin reformas, y sobre la base de una lectura exitista del pasado con aciertos, y muchos claroscuros.

La carga fiscal idéntica al fin de la dictadura habla por sí sola de un país maniatado, con un empresariado rentista de negocios paraestatales, empresas privatizadas a precio regalado por el neoliberalismo, y luego negocios con bajos impuestos, poca regulación, mucha elusión, FUT, cero huelga y nada de tributar en las regiones donde extraen.

La fronda apela como concepto a la oligarquía, a señores del poder que se unen para evitar el progreso, a colegiatura de privilegiados, a mentalidad de iluministas que creen en sus ideas en vez de hacer funcionar modelos de consulta, colegiatura donde se empodera a otros.

No quieren la reforma tributaria, no les hace sentido la educacional, no creen en la descentralización… creen en sí mismos, en la “hoguera de las vanidades”, pervertidora de la verdadera construcción de acuerdos de transformación para avanzar. Gute se perfila en el extremismo “de centro”, y otros varios le dan con la cantinela del orden como valor primordial, aunque en dicho orden se vivan tres mil protestas al año. Ven el apocalipsis en el peregrinaje de reformas y participación hacia la nueva Constitución que queremos, al nuevo pacto que nos “constituya”, donde a la tríada fiscal-educacional-descentralizadora se sume la laboral-previsional/salud-constitucional. Nada de golpear mesas ni festejar un esplendor frívolo de pasados que no fueron, es el tiempo de tejer diálogo y acuerdos que se cumplan para tener una “reactivación del alma de Chile”, la posibilidad de fraternidad y pacto social en democracia, como lo decía el Cardenal Silva Henríquez.

Portales tenía un estanco para tabaco y alcohol, y luego articuló el ejercicio del poder semidespótico de los conservadores a ultranza. El régimen Montt-Varista puso hebilla en el camino a Talca, pero despreció las ideas de los clubes de la reforma y la igualdad, llevando al país a dos guerras civiles (1851 y 1859) por su resistencia a la libertad, la igualdad y la recuperación de la autonomía provincial. De hecho, el primer tren vino del norte con gestión autónoma en Copiapó; como ahora sí hacemos descentralización bien hecha y verdadera, las regiones serán un motor de democracia, activación, proyectos y cohesión social. Ese arte del buen vivir y buen gobierno se llama “autonomía con corresponsabilidad”. Leyendo El Libro del Tao salpicaba la frase “un buen gobierno no somete a debates eternos porque el buen pescado si se fríe mucho queda con mal sabor”. Hay que ir a las reformas, en eso sería útil una palabra de cierta autocrítica de Lagos y Piñera, proponiendo que veten menos y voten más, que ayuden a destrabar en vez de un lenguaje de la polisemia desacreditadora en un momento en que la “Patria debe reformarse”.

La Presidenta acierta con reformas de fondo, en una complejidad inevitable, con “comisiones” que permiten escuchar y no autocongratularse, donde se afina el oído y no el púlpito de los tribunos. Reformas que ponen a prueba la sinceridad de la Nueva Mayoría por los cambios. Ojalá sea la agonía, los últimos pataleos, de la idea de un poder presidencial omnímodo, visado por los grandes empresarios, que Gobierna a la hora del té en el crepúsculo de los tiempos.