Las mujeres cambiaron la historia judicial


Con su voz pausada, pero altisonante para denunciar las violaciones sistemáticas a los derechos humanos, orgullosa de su linaje maya y segura de que la comunidades indígenas de Guatemala aún escriben su historia, llegó a Costa Rica Gladys Tzul Tzul, filósofa, investigadora y mujer latinoamericana que viaja por el mundo exaltando la herencia milenaria de los pueblos originarios del continente. Ella aspira a levantar las conciencias y romper los silencios.
Gladys fue una de las investigadoras invitadas IX Congreso Centroamericano de Filosofía, que concluyó el pasado 31 de octubre con la presencia de estudiosos de varias naciones. Ella cerró ese encuentro con la conferencia “Mujeres, violencia y genocidio”, que recogió uno de los temas de mayor actualidad en Guatemala ante el reciente proceso que llevó a los estrados judiciales al militar José Efraín Ríos Montt, acusado de genocidio y violaciones sexuales sistemáticas contras las mujeres indígenas.

Gladyz Tzul Tzul nació en Paquí, Totonicapán. En su sangre corre el espíritu guerrero de su antepasado Atanasio Tzul, dirigente K´iche´ que lideró el levantamiento contra la opresión española en 1820.

Ella siguió los pasos de su padre, un profesor universitario; realizó estudios de maestría en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos en la Universidad Alberto Hurtado, en Chile, y es doctoranda del programa de Sociología, en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Como investigadora ha profundizado sobre los círculos de poder y las disputas entre los gobiernos locales y los representantes gubernamentales guatemaltecos. Éstos últimos históricamente asociados, ideológica y económicamente, con los grupos empresariales que dominan el panorama de ese país.

Actualmente, la magister Tzul Tzul es investigadora de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, en México, donde trabaja junto a otros académicos en el programa de Comunidad de Estudios Mayas. Este grupo se aproxima a la realidad indígena más allá de los tradicionales abordajes académicos que los han convertido en objeto de estudio, y cuyas indagaciones no tienen mayor incidencia en sus vidas.

Mujeres y violencia

Aunque la sentencia de 80 años de prisión contra Ríos Montt fue anulada por una corte superior, para la magister Gladys Tzul Tzul el juicio fue un parteaguas en la vida de su país. El proceso puso en el tapete de discusión nacional las atrocidades cometidas contra las mujeres indígenas guatemaltecas. Por primera vez las denuncias tuvieron rostro gracias a un grupo de valientes mujeres. Ellas denunciaron lo vivido en sus comunidades, “las mujeres cambiaron la historia judicial. Ellas evidenciaron que siempre han sido ultrajadas como parte de las masacres contra las comunidades mayas”, dijo Tzul Tzul quien dijo que dicha situación se repite a lo largo de América Latina en otros pueblos.

A los estrados judiciales solo llegaron 17 de las 400 masacres registradas. Aunque todavía los militares intentan borrar de la memoria colectiva sus genocidios, dijo la investigadora. Ella va por el mundo evidenciando que en Guatemala la maquinaria genocida sigue funcionando, pero su labor y de otros líderes mayas es contar sus versiones en todos los estrados. Tzul Tzul cuestiona públicamente en todos los foros internacionales que no es cierta la convivencia pacífica entre ellos y el gobierno; afirmó que ellos no cejarán en su lucha porque “la historia no se borra con decretos del congreso de la República”.

Actualmente, en Guatemala el 60% de la población es descendiente de los primeros pobladores del istmo, pero no disfrutan de los mismos derechos ciudadanos. Todavía, sus territorios son saqueados, vendidos o expropiados para construir obras bajo la premisa del progreso.

De acuerdo con la magister Tzul Tzul, el ejército ha sofisticado sus métodos. Por ejemplo, los días 19 y 20 de setiembre del año en curso, ocho personas de la comunidad de Los Pajoques, en San Juan Sacatepéquez, murieron en un supuesto enfrentamiento por tierras. La activista argumenta que es una nueva estrategia gubernamental que ha titulado doblemente las propiedades. Un consorcio privado está interesado en comprar a bajos precios dichos terrenos para construir una planta cementera. Además, dijo Tzul Tzul, la manera en que fueron asesinados se asemejan a los métodos usados por los militares en décadas pasadas.

Dicha fábrica proveería de cemento a megaproyectos estatales y privados, como hidroeléctricas y carreteras. Los opositores aseveran que todo eso solo es parte del saqueo vivido por siglos, y solo beneficiará a unas pocas familias vinculadas con partidos políticos y sus representantes.

La profesora Tzul Tzul critica con dureza al Estado guatemalteco, ya que sigue concesionando basado en el mismo modelo extractivo del colonialismo, “es la actualización de lo que comenzó con la encomienda colonial”, agregó.

Las empresas beneficiadas con las concesiones están agrupadas en el Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (Cacif), que reúne a las principales cámaras empresariales guatemaltecas. Gladyz Tzul Tzul es enérgica, no duda en tildar el desarrollo defendido por la Cacif y el Estado como destrucción y despojo.

Estos enfrentamientos han sido parte de la historia en los últimos cinco siglos. Hoy, otras generaciones han tomado la bandera, sabiendo que la situación no es fácil. Su brío continúa, aunque Tzul Tzul reconoce “que para sus comunidades la vida política está cuesta arriba”.

Sabiduría política milenaria

“Las rebeliones indígenas siempre ocurrieron en tiempos festivos. Hay que asociar la política y la fiesta, fue una estrategia indígena de América en la dominación. Nos veían reunidos a miles de nosotros bailando y tomando, pensaban que nos estábamos emborrachando, en realidad estamos organizando las rebeliones”, explicó la magister Tzul.

Y pese que concuerda en que el pueblo maya posee un enorme acerbo, eso no es suficiente para sobrevivir. “Un pueblo no se mantiene en pie durante más de 500 años con bailes y prácticas culturales”, comentó Tzul Tzul. Ella esclareció que los pueblos indígenas poseen una inteligencia colectiva acumulativa, que se ha enriquecido a lo largo de los siglos del cómo lo hicieron otros pueblos y generaciones. “Siempre hemos interpretado y cambiado el mundo. Tenemos una filosofía política y creo que la Universidad nos debe una disculpa porque no se ha fijado en ella”, criticó.

Un primer paso, continuó, es sacar lo indígena del reducido concepto de lo étnico porque dicho análisis los ha colocado en la “otredad”. Es decir, se ha investigado desde la blanquitud y se ha desconocido la plenitud filosófica de estas propuestas políticas que se nutren desde su soberanía, prosiguió.

La magister Tzul defiende la tesis que las poblaciones indígenas de América son parte vital de la región, no son los “otros”. Sus luchas buscan consolidar naciones, en las que todos los habitantes se integren en un mismo proyecto nacional, y no seguir propiciando estas divisiones, advirtió. Ello implica reconocimiento de derechos, respeto de la soberanía y un cambio sustancial en los modelos económicos, educativos y culturales.