La formación de cerebros en el país


“He estudiado muchos años en Estados Unidos, pero de tener la posibilidad de hacer investigación en mi país, donde la infraestructura, los recursos, los profesores y la calidad de investigación van a ser igual de excelente, prefiero quedarme acá”.

Sergio Cornejo (32) quiere modelar computacionalmente el comportamiento de arterias cerebrales, de forma que sirva de guía para futuros tratamientos de enfermedades que afectan el sistema cardiovascular. Es ingeniero civil mecánico, pero dice que su “conocimiento sobre los sistemas de cañerías y estructurales” es la base para enfrentar el doctorado de Neurociencias que está comenzando en la U. Católica.

Según los registros del Consejo Nacional de Educación, en 2013 se matricularon 4.659 estudiantes en distintos programas de doctorado que ofrecen las universidades chilenas, lo que habla del creciente interés de los profesionales nacionales por doctorarse en el país.

“Estos estudiantes podrían haberse ido al extranjero, pero deciden quedarse básicamente por la calidad de los programas, de la universidad, por la posibilidad de publicar en revistas prestigiosas en las áreas de su interés y porque están los profesores con los que querían investigar”, expone el rector de la U. Católica, Ignacio Sánchez, acerca de las motivaciones de los cerebros más talentosos para realizar sus investigaciones en Chile.

El planteamiento es simple. “Para hacer ciencia no tienes que irte por cinco años. Es hacer pasantías y cotutelas en el extranjero, por supuesto, pero también permanecer acá ligada a las redes de investigación y hacer proyectos de calidad que también pueden ser reconocidos afuera”, comenta Liliana de Simone (28), arquitecta que cursa el programa de Estudios Urbanos de la misma universidad.

Este interés también se refleja en la cantidad de becas que Conicyt ha entregado entre 1988 y 2012 para doctorados nacionales, tanto para chilenos como extranjeros, y que llega a 5.129. Esta cifra dobla la cantidad de ayudas dadas para cursar el posgrado fuera de Chile en el mismo período (ver infografía).

Además, sólo en los últimos 10 años, la cantidad de ayudas para doctorados nacionales se ha cuadruplicado, pasando de las 138 becas en 2003 a 581 en 2013.

La razón radica en que la formación de doctores que lideren los procesos de investigación científica y tecnológica del país se ha transformado en una de las prioridades de la entidad, como explica María Elena Boisier, presidenta (S) de Conicyt. “En esta etapa, Chile necesita formar un número mucho mayor de doctores, que puedan contribuir al desarrollo económico y social, como aquellos países que, mediante una decidida acción en formación de capital humano avanzado y ciencia, han logrado alcanzar el desarrollo”.

Según estudios de la U. de Chile, de los más de 4.470 matriculados en programas de doctorado en Chile durante 2012, menos del 10% se inscribió en universidades privadas. Así, el ranking de mayores matrículas de becados Conicyt por casa de estudio lo lideran la U. de Chile, con 34,8%; la U. Católica, con 25,5%, y la U. de Concepción, con un 13,4%.

Mientras, en el ámbito regional, muchas universidades se han enfocado en ofrecer programas relacionados con las actividades productivas. “Existen áreas disciplinarias de importante desarrollo científico en algunas regiones, relacionadas con sus recursos naturales, historia, aspectos culturales, entre otros”, afirma la directora de Posgrados de la U. de Concepción, Ximena García. “Asimismo, es importante mantener una oferta formativa en ciencias básicas equitativamente equilibrada en el país, para preservar capital cultural, social y científico fuera de la Región Metropolitana”, agrega.

Por su parte, algunas instituciones privadas se han esforzado en fomentar la investigación. En el caso de la U. Andrés Bello, la directora académica de Doctorados, Carolina Gatica, explica que el establecimiento “ha llegado a posicionarse como la sexta universidad en producción científica en el país y, en 2013, los académicos publicaron más de 360 artículos indexados en revistas”.

TAMBIÉN PARA EXTRANJEROS
“Voy a La Serena, una hora de avión, después dos horas hasta Tololo o La Silla, y observo unas 10 noches en total. Muy pocos profesores han hecho eso en Francia, ¡y yo soy sólo estudiante!”.

Thomas de Jaeger es uno de cientos de profesionales extranjeros que decidieron venir a cursar un doctorado. Como licenciado en Física Fundamental, Chile era la opción más recomendable para investigar supernovas (explosión de una estrella). “Las condiciones atmosféricas para observar son las mejores, pero para mí era muy importante trabajar con el profesor Mario Hamuy, famoso por su investigación en supernovas”, dice el ciudadano francés.

“Los programas de astrofísica, por ejemplo, son programas muy atractivos para alumnos extranjeros, especialmente europeos, porque aquí tenemos los observatorios”, explica Jani Brouwer, directora de Investigación y Colegio de Programas Doctorales de la U. Católica. No obstante, “la mayor cantidad de alumnos extranjeros estudiando en el país proviene de países latinoamericanos, como Colombia, Ecuador, Argentina y Brasil”, asegura.

De hecho, Conicyt entregó por primera vez una beca para estudiantes de otros países en 2005, y a 2013 había entregado 214 ayudas. “Nuestro país tiene potencial para ser un polo de atracción de capital humano avanzado en la región”, explica la presidenta (S) de Conicyt. “La cooperación entre académicos es fundamental para el desarrollo de la ciencia”, agrega.

La difusión de los programas de doctorado es algo que las universidades se han tomado con seriedad. “Estamos permanentemente postulando a fondos como los Convenios de Desempeño para la Internacionalización de Doctorados, del Mineduc, que entrega recursos para dar a conocer ciertos programas en universidades latinoamericanas. Es una buena política que ayuda a traer alumnos desde el exterior”, asegura Brouwer.

Otras casas de estudio, como la U. de Chile, optan por generar convenios directos con instituciones de becas y créditos en otros países. “Generamos acuerdos con la agencia de becas de Perú para que ayude a los doctorandos matriculados en la universidad. Así también lo acabamos de hacer con Ecuador”, afirma el director del Departamento de Posgrados, José Wolff.

DESAFÍOS PENDIENTES
Pero, ¿adónde van aquellos investigadores titulados? A la fecha existen al menos 1.811 doctores que estudiaron con beca Conicyt y, según las cifras que maneja la U. de Chile, el total de titulados de 2013 habría superado los 500.

“Dentro de las universidades aún hay un nicho importante, porque hay un bajo porcentaje de académicos formados como doctor, especialmente en regiones”, afirma Wolff. Y agrega: “El problema es la inserción en la industria. Chile todavía no transita a un desarrollo distinto a la explotación de los recursos naturales, que no requieren mayor investigación”.

Ante esta situación, universidades como la U. Católica han planteado opciones, como “motivar a las empresas a que ofrezcan la posibilidad de hacer tesis en la industria, de manera que las empresas tengan más conocimientos de lo que pueden hacer los investigadores y que ellos tengan más conocimiento de la industria”, añade Brouwer.

Estas iniciativas, así como “una política global que contemple un aporte basal a las universidades públicas para fortalecer sus programas de investigación”, como señala Wolff, podrían “ayudar a dar el salto en talento humano avanzado que Chile requiere”, puntualiza.