Israel – Hamas: polarización, crisis humanitaria, antisemitismo


El 8 de julio de 2014, frente a los constantes ataques del movimiento Hamas en contra del territorio israelí, Israel decidió lanzar la “Operación Margen Protector”, con la finalidad declarada de destruir los túneles construidos por el movimiento islamista. Este objetivo se habría logrado el 4 de agosto, coincidiendo con el inicio de una tregua de 72 horas y el anuncio de un retiro israelí de la franja. Recordemos que después del secuestro y muerte de tres jóvenes israelíes por parte de extremistas palestinos, y de la consecuente muerte de un joven palestino que fue quemado vivo por extremistas judíos, se desencadenó un enfrentamiento militar que ha tomado la forma de una espiral de acción-reacción. Es posible sacar algunas conclusiones preliminares de este enfrentamiento, que tienen que ver con una polarización mayor en las sociedades palestina e israelí, una crisis humanitaria en Gaza y un aumento del antisemitismo.  

Primero, ha potenciado políticamente a Hamas, movimiento islamista que busca la destrucción del Estado de Israel, considerado como grupo terrorista por Estados Unidos, la Unión Europa, Egipto y otros países. En la actualidad, el apoyo a Hamas no se limita a Gaza, sino que manifestaciones a su favor se han registrado en el resto de Palestina, incluyendo Jerusalén Oriental, algo poco frecuente antes del comienzo de las operaciones militares. La ofensiva israelí ha tenido como una de sus consecuencias fortalecer la unión entre movimientos islamistas radicales sunnitas y chiitas, hasta el punto de que hoy se vislumbra un aumento de la cooperación entre Hamas y el movimiento chiita Hezbollah. Mientras en Irak, Siria y el Líbano, el movimiento jihadista sunnita, que ya ha formado un Califato en Mosul, se enfrenta con los chiitas iraquíes, con Hezbollah y con Irán, en Israel y Palestina parece vislumbrarse una mayor cooperación entre estas dos ramas rivales del islamismo radical.

Por otro lado, ha beneficiado a la derecha y la extrema derecha israelí, al tiempo que el campo de la paz se reduce notablemente.  La primera, encarnada en el Likud, ha sido partidaria histórica de aumentar la seguridad israelí y la construcción de asentamientos judíos, en lugar de promover un proceso político y pacífico con los palestinos. La segunda, representada por Israel Beitenu, es defensora de medidas todavía más radicales, como la de transferir a Cisjordania a la población árabe-israelí.

Segundo, ha provocado una crisis humanitaria en Gaza, con muertos, heridos y desplazados. El número de muertos palestinos se eleva a más de 1.800 (hasta el 5 de agosto), superando la cifra de 1.300 que se registró con la Operación Plomo Fundido de diciembre de 2008 y enero de 2009; son más de 9.000 los heridos, la mayoría de ellos, tanto heridos como muertos, son civiles y muchos niños; y los desplazados se cuentan en más de 400.000. Tres escuelas de la ONU, que servían de refugio para personas que huían de los ataques, han sido blanco de las operaciones, y en el último caso, producido el 3 de agosto, la ONU condenó a Israel de cometer un acto criminal. Ciertamente, la crisis en Gaza no es la única situación humanitaria que se enfrenta en el Medio Oriente, pues estas se extienden también a Siria, Irak y Líbano, como producto de las guerras civiles y el avance del movimiento jihadista. Así, el 4 de agosto de 2014 el Estado Islámico (conocido como ISIS por sus siglas en inglés), que busca la formación de un Califato en toda la región, tomó el poblado iraquí de Sinyar, alcanzando al espacio trifronterizo de Irak, Siria y Turquía, provocando la huida de más de 200.000 civiles según fuentes de la ONU. No obstante, independientemente de donde se produzcan, las principales víctimas en Gaza, Siria e Irak corresponden a población civil, cuya protección debe ser uno de los objetivos fundamentales del derecho internacional humanitario.

Tercero, ha estimulado una creciente ola de antisemitismo en todo el mundo, incluyendo a América Latina y Chile, donde no se hacen distinciones entre judíos e israelíes y se usa la expresión “sionista” como una forma de expresar el odio hacia los judíos y el Estado de Israel. Se desconoce que el sionismo es una forma legítima de expresión del pueblo judío, según fuera reconocido por la Asamblea General de la ONU en la resolución 4686 de diciembre de 1991. Al mismo tiempo, existen expresiones sionistas diferentes, como sionismo religioso, político, socialista, algunas de ellas enfrentadas entre sí. Se mezclan las críticas al gobierno de Israel con la negación del Estado de Israel, lo que provoca quemas de banderas, insultos y provocaciones tanto a organizaciones como a personas, incorporando estereotipos pasados y presentes sobre los judíos. 

                La solución al largo y complejo conflicto israelí-palestino es política y no militar, puesto que palestinos e israelíes, judíos y musulmanes, deben coexistir pacífica y políticamente. Un campo de la paz y por la paz en ambos lados y sociedades, junto a una revitalización del Cuarteto de Madrid u otra forma internacional institucionalizada, deben crear las condiciones propicias para la existencia de dos Estados, con el término de los asentamientos judíos en Palestina y la desmilitarización de los movimientos islamistas. No existe otra solución a mediano y largo plazo, salvo que se produzca la desaparición y por lo tanto un genocidio en uno de estos pueblos. 

*El autor es académico de la Universidad Alberto Hurtado y de la Universidad Arturo Prat, integrante del Grupo Consenso Chileno por la Paz Palestino-Israelí y socio de la comunidad Ruaj Ami. No obstante, las opiniones vertidas en esta columna son personales y no comprometen a ninguna de las instituciones mencionadas.