Cerro Navia cuenta su historia


Con un libro en la mano, Fresia Cabañas se para frente a un grupo de estudiantes de enseñanza media del Colegio Enrique Alvear de la comuna de Cerro Navia. Con hablar pausado y apoyándose en las páginas del texto, comienza a contarles cómo era en la década de los 60 el sector de Las Barrancas -hoy dividido en las comunas de Cerro Navia, Pudahuel y Lo Prado- y de la toma de terreno que protagonizaron junto a un grupo de vecinos en 1966. Eran los años en que los pobladores buscaban la reivindicación habitacional. “Llegamos en la noche, con palitos y con nailon, empezamos a armar unas casas improvisadas. Al otro día llegó la policía y hubo un poco de violencia. Mis hermanas y yo éramos chicas, sólo miramos”, les comenta al grupo de adolescentes quienes escuchan en silencio.

Uno de los jóvenes levanta la mano. “Mis abuelos también me contaron que estuvieron en la toma”, dice. Fresia sonríe, y continúa su relato.

Esta mujer de 61 años no es profesora, de hecho, según comenta, esta es su primera experiencia haciendo clases. La oportunidad surgió tras la publicación del libro Cerro Navia, relatos de una historia, el cual fue fruto de un proyecto conjunto de la Fundación “Cerro Navia Joven” con el departamento de historia Universidad Alberto Hurtado. La iniciativa tenía como objetivo rescatar parte de la historia comunal desde la mirada de 12 adultos mayores, protagonistas de los albores de Cerro Navia. La primera parte del proyecto fue el libro, la segunda, las clases dictadas por los mismos abuelos, idea que se pretende extender a todos los colegios de la comuna en el mediano plazo.

Eduardo Ubilla, de 75 años, es otro de los abuelos profesores. Viudo y padre de tres hijas, llegó a Cerro Navia cuando había potreros. “Cuando nosotros llegamos aquí, empezamos con el chuzo y la pala. Las nuevas generaciones llegaron en cuna de oro”, señala Ubilla.

Dice que el poder transmitir estas vivencias a los más jóvenes lo ha revivido y que la primera vez que estuvo frente a una clase en compañía de la señora Fresia, estaba nervioso. “Pensé que eran niños de sexto, y me dijeron que eran de tercero y cuarto medio, yo pensé, los cabros nos llevan varios combos adelante. Me sentí como con pantalones cortos de nuevo”, relata. Según estos abuelos profesores, lo más significativo de la experiencia ha sido el respeto con que los jóvenes han escuchado los relatos y la reflexión que se genera en el aula. “Al principio lo encontré medio fome, pero después, cuando contaron cosas como que se bañaban con agua del Mapocho, que fue tan difícil la época de la dictadura, fue emocionante (…) cuando uno ve lo que han hecho por nosotros, los mira como héroes. Ellos son el símbolo de Cerro Navia”, acota Jaime Rebolledo, del 2B del Enrique Alvear.

Cristina Quezada, investigadora y autora del libro, señala que estos relatos “son un reflejo de sus vidas, pero también una óptica del presente”. Agrega que “trabajar con una fuente primaria es la concepción de que la historia no es una historia estática, sino que se va modificando; es dinámica”.

La directora de la Fundación Cerro Navia Joven, Niniza Krstulovic, agrega que “la historia no se construye sólo con los existentes, también con el pasado. La población de Cerro Navia ha dejado una huella y lo que queda hoy día más evidente son los adultos mayores que la vivieron y la quieren seguir transmitiendo”.